La Consagración Total a Jesús por María — también llamada Esclavitud Mariana — es la práctica espiritual sistematizada por San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716) en su obra El Verdadero Devoto de la Santísima Virgen (Tratado de la Verdadera Devoción a María). Montfort, sacerdote francés misionero y predicador popular en Bretaña y Vendée, enseñó que la consagración total al Hijo se realiza más perfectamente cuando pasa por la mediación maternal de la Madre — no como una sustitución de Cristo, sino como un camino seguro de unión a él. La consagración consiste en una preparación intensiva de 33 días, dividida en cuatro fases: doce días iniciales de «despojo del espíritu del mundo» (lecturas sobre el desorden interior), una primera semana de «conocimiento de uno mismo» (humildad y examen), una segunda semana de «conocimiento de la Santísima Virgen María» (lectura de su misión en el plan de salvación) y una tercera semana de «conocimiento de Jesucristo» (meditación sobre la persona y la obra del Hijo). El día 33, en una fiesta mariana significativa, se pronuncia el acto de consagración que se renueva cada año. San Juan Pablo II hizo esta consagración a los veintiún años y mantuvo «Totus Tuus» — «Todo tuyo» — como lema episcopal y papal durante toda su vida. Es la consagración mariana más recomendada por la tradición católica romana, particularmente en momentos de discernimiento vocacional, conversión personal profunda, crisis familiar o cualquier nuevo inicio espiritual.
20 min
Duración
33 días
Compromiso
Intermedia
Nivel
San Luis María Grignion de Montfort
Santo patrono
La preparación dura 33 días y se inicia 33 días antes de una fiesta mariana significativa para terminar en ella; las fechas más tradicionales son: (1) iniciar el 20 de noviembre para consagrarse el 8 de diciembre (Inmaculada Concepción); (2) iniciar el 5 de enero para el 2 de febrero (Presentación del Señor); (3) iniciar el 20 de febrero para el 25 de marzo (Anunciación); (4) iniciar el 13 de abril para el 16 de mayo o cualquier fiesta mariana próxima. Estructura diaria: (1) Señal de la Cruz; (2) lectura del día — Montfort recomienda meditaciones específicas para cada fase (ver el Tratado de la Verdadera Devoción capítulos 1-5, o cualquiera de las guías modernas reconocidas como las del padre Donald Calloway, MIC); (3) las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús en la primera semana, las Letanías de la Santísima Virgen María en la segunda, las del Sagrado Corazón de Jesús en la tercera; (4) un Padrenuestro y un Avemaría; (5) el Ave Maris Stella en latín o en español; (6) intención específica del día. El día 33, se hace la confesión sacramental, se recibe la Comunión en una Misa mariana y se pronuncia el acto de consagración delante de una imagen mariana, idealmente en una parroquia o santuario. La consagración debe renovarse cada año en la misma fecha (o en una equivalente) para que la gracia permanezca activa en la vida del consagrado. San Luis María Grignion de Montfort prometió a quienes hicieran esta consagración con seriedad y la vivieran fielmente que serían «vasos elegidos» de la Misericordia en los últimos tiempos — promesa que San Juan Pablo II asumió como suya y que ha resonado en toda la espiritualidad mariana del siglo XX.
Yo, (decir el propio nombre), pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos, oh Madre Inmaculada, los votos de mi bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida y para serle más fiel de lo que he sido hasta ahora. Te elijo hoy, oh María, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y Señora. Te entrego y consagro, como esclavo tuyo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, dejándote un entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, según tu beneplácito, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Recibe, oh Virgen benignísima, este pequeño obsequio de mi esclavitud, en honor y unión a la sumisión que la Sabiduría eterna se dignó tener a tu maternidad, en homenaje al poder que ambos tenéis sobre este pobre pecador, y en acción de gracias por los privilegios con que la Trinidad Santa te ha favorecido. Protesto que quiero en adelante, como verdadero esclavo tuyo, buscar tu honor y obedecerte en todo. Oh Madre admirable, preséntame a tu querido Hijo, en calidad de esclavo eterno, a fin de que, habiéndome rescatado por ti, por ti me reciba. Madre de misericordia, concédeme la gracia de obtener la verdadera Sabiduría de Dios y ponme, para tal efecto, en el número de los que tú amas, enseñas, conduces, alimentas y proteges como hijos y esclavos tuyos. Virgen fiel, hazme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo Hijo tuyo, que llegue, por tu intercesión y según tu ejemplo, a la plenitud de su edad sobre la tierra y de su gloria en el Cielo. Amén.
Coordina oración sostenida por alguien que amas. Los voluntarios cubren horarios de 30 minutos durante días o semanas; la familia recibe un ramillete espiritual al final.
Invita a un grupo pequeño a rezar esto cada día contigo. Todos reciben el mismo texto, el mismo ritmo, la misma intención.