La Letanía de la Humildad es una oración breve pero penetrante compuesta por el Cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), Secretario de Estado del Papa San Pío X durante todo su pontificado. De origen hispano-irlandés y formación romana, Merry del Val fue un hombre de profunda vida interior y de notable abnegación. La letanía fue hallada entre sus papeles devocionales privados después de su muerte y publicada por su secretario, convirtiéndose en el último siglo en una de las oraciones modernas más rezadas y compartidas en el mundo católico hispanohablante. Su estructura es doble: una primera petición sobre los deseos y temores de la propia reputación («Del deseo de ser estimado…» / «Del temor de ser humillado…»), y una segunda petición que vuelve el corazón hacia el bien de los demás antes que el propio («Que otros sean amados más que yo…»). La respuesta uniforme — «líbrame, Jesús» — y la repetida petición de gracia para desear el bien ajeno cortan la abstracción típica de la oración piadosa y nombran con precisión las inclinaciones del corazón humano caído. La letanía no pide la eliminación de esos deseos (la teología ascética católica los reconoce como profundamente arraigados en la naturaleza humana herida) sino la gracia de preferir la reputación de Cristo a la propia, y la de los demás a la nuestra. Ha tenido una influencia silenciosa pero enorme en la espiritualidad católica moderna — especialmente entre sacerdotes, seminaristas, religiosos y católicos en discernimiento vocacional — porque su especificidad ataca lo que la oración piadosa abstracta no toca. Es la oración a la que vuelve un católico cuando se descubre representando la virtud en lugar de practicarla, o cuando reconoce que una determinada queja es en realidad orgullo herido disfrazado de justicia. Santa Madre Teresa de Calcuta rezaba esta letanía cada día; muchos seminarios la incorporan en la formación de los candidatos al sacerdocio.
7 min
Duración
1 día
Compromiso
Para principiantes
Nivel
Cardenal Rafael Merry del Val (autor)
Santo patrono
Reza la letanía despacio. El texto es breve — menos de trescientas palabras — pero su peso reside en nombrar cada deseo y cada temor con distinción. Estructura tradicional: (1) Señal de la Cruz; (2) lee en voz alta y despacio la invocación inicial «¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón!, escúchame»; (3) reza la larga sucesión de invocaciones «Del deseo de…», permitiéndote sentir cuál te nombra ese día — no pases por alto la que te toca; (4) reza la sucesión de invocaciones «Del temor de…» del mismo modo; (5) reza las peticiones finales «Que otros sean…» con calma, pidiendo específicamente la gracia que cada una nombra. Muchas personas rezan esta letanía cuando se sorprenden a sí mismas en el orgullo — después de una conversación difícil, después de enviar un correo que no debían, después de una reunión donde quisieron dominar, después de un servicio eclesial que se convirtió en actuación. La letanía es apropiada: al comienzo de un retiro, especialmente un retiro ignaciano de ocho días; antes de la Confesión sacramental (como parte del examen de conciencia — la letanía nombra patrones de orgullo que se esconden a plena vista); durante el discernimiento vocacional al sacerdocio, la vida religiosa o el matrimonio; el Viernes Santo o durante el Triduo Sacro, cuando la Iglesia medita en el «kénosis» de Cristo; en momentos de humillación pública o fracaso sentido — cuando la letanía deja de ser aspiracional y se convierte en descripción del lugar donde Dios ha colocado al orante. El biógrafo de Merry del Val anota que el cardenal rezaba esta letanía cada día después de Misa durante toda su vida como Secretario de Estado, en una oficina romana donde las tentaciones de vanidad y maniobra política eran continuas. La oración se inscribe en la tradición ascética católica más amplia que reconoce la humildad como fundamento de todas las virtudes — «primero, humildad; segundo, humildad; tercero, humildad» de san Agustín, y la identificación tomista del orgullo como raíz de todo pecado.
¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón!, escúchame. Del deseo de ser estimado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser amado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser ensalzado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús. Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús. Del deseo de ser aprobado, líbrame, Jesús. Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús. Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús. Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús. Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús. Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús. Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús. Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús. Del temor de ser sospechado, líbrame, Jesús. Que otros sean amados más que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que otros sean estimados más que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que en la opinión del mundo otros crezcan y yo disminuya, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que otros sean elegidos y yo dejado a un lado, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que otros sean alabados y yo pase desapercibido, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que otros sean preferidos a mí en todo, Jesús, dame la gracia de desearlo. Que otros sean más santos que yo, con tal de que yo sea todo lo santo que debo ser, Jesús, dame la gracia de desearlo. Amén.
Coordina oración sostenida por alguien que amas. Los voluntarios cubren horarios de 30 minutos durante días o semanas; la familia recibe un ramillete espiritual al final.
Invita a un grupo pequeño a rezar esto contigo. Todos reciben el mismo texto, el mismo ritmo, la misma intención.