La Oración de la Serenidad — célebremente «Dios, concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que puedo, y sabiduría para conocer la diferencia» — es una de las oraciones más universalmente difundidas del cristianismo del siglo XX. Atribuida en su forma actual al teólogo protestante Reinhold Niebuhr (1892-1971), quien la compuso o adaptó en 1934 para una capilla de Massachusetts, fue adoptada por Alcohólicos Anónimos en los años 1940 y desde entonces se ha extendido por todo el mundo en programas de doce pasos, terapia espiritual, asesoramiento pastoral y devoción individual. La oración no es exclusivamente católica — es genuinamente ecuménica — pero la Iglesia católica la ha incorporado con naturalidad porque coincide con la espiritualidad clásica del «abandono en la divina providencia» (Jean-Pierre de Caussade, jesuita francés del siglo XVIII). Es particularmente apropiada para situaciones donde el cristiano enfrenta circunstancias que no puede modificar (la enfermedad de un ser querido, la muerte de un padre, una decisión injusta tomada por otros, una pérdida laboral, un divorcio que el otro ha provocado, una adicción propia o de un familiar). Es también la oración por excelencia para los miembros de Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Al-Anon y todos los grupos de recuperación cristianos.
2 min
Duración
1 día
Compromiso
Para principiantes
Nivel
Cristo, Príncipe de Paz
Santo patrono
La Oración de la Serenidad puede rezarse: (a) como oración diaria por la mañana, especialmente para personas en programas de recuperación (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Co-dependientes Anónimos, Al-Anon); (b) en momentos de angustia aguda durante el día, cuando la frustración por algo no modificable amenaza con dominar la mente; (c) en las reuniones de grupos de doce pasos, donde se reza en conjunto al inicio o cierre; (d) en momentos de pérdida, duelo o crisis. La forma corta (las primeras tres líneas) es la más conocida y se memoriza fácilmente; la forma extendida — incluida arriba — añade el contexto cristiano explícito y la esperanza eterna que la hacen genuinamente cristiana. Acompaña la oración con: (a) la lectura del Salmo 23 o del Salmo 131 («Mi alma, como un niño en brazos de su madre…»); (b) la confianza en la divina providencia (Mateo 6,25-34); (c) el sacramento de la Confesión si la oración revela un pecado propio que sí puede cambiarse; (d) la acción concreta para cambiar lo que sí se puede cambiar (no es resignación pasiva, sino discernimiento activo). Para católicos en programas de recuperación, combinar la oración con: los sacramentos regulares, una hermandad cristiana sólida, un sponsor sabio y un director espiritual o confesor estable.
Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para conocer la diferencia. Concédeme vivir un día a la vez, disfrutar un momento a la vez, aceptar las penalidades como un sendero hacia la paz; tomando, como hizo Jesucristo, este mundo de pecado tal como es, no como yo quisiera que fuese; confiando en que Tú harás bien todas las cosas si yo me entrego a tu voluntad; para que pueda ser razonablemente feliz en esta vida y supremamente feliz contigo en la próxima. Amén.
Coordina oración sostenida por alguien que amas. Los voluntarios cubren horarios de 30 minutos durante días o semanas; la familia recibe un ramillete espiritual al final.
Invita a un grupo pequeño a rezar esto contigo. Todos reciben el mismo texto, el mismo ritmo, la misma intención.