San Pío de Pietrelcina (Francesco Forgione, 1887-1968), conocido universalmente como Padre Pío, fue un sacerdote capuchino italiano cuya vida estuvo marcada por dones místicos extraordinarios y por una austeridad penitencial sin concesiones. El 20 de septiembre de 1918, mientras hacía oración en el coro de la iglesia de San Giovanni Rotondo, recibió las llagas de Cristo (estigmas) — las únicas estigmas plenamente visibles documentadas en un sacerdote de la Iglesia, que llevó durante cincuenta años hasta poco antes de su muerte. Padre Pío vivió la mayor parte de su vida adulta como confesor: dieciséis horas al día en el confesonario, leyendo con frecuencia las conciencias de los penitentes antes de que estos hablaran. Su don de bilocación, sus profecías cumplidas, sus curaciones documentadas y su fundación de la Casa Sollievo della Sofferenza (un hospital para los enfermos) lo convirtieron en una de las figuras más amadas y a la vez más vigiladas por la jerarquía durante el siglo XX. Pío XII suspendió sus facultades en varias ocasiones; San Juan Pablo II lo beatificó en 1999 y lo canonizó el 16 de junio de 2002. La novena es apropiada para pedir la conversión propia o de un ser querido, la curación física o espiritual, la perseverancia en el sufrimiento, una buena confesión, o el consuelo de saber que las penas presentes se transforman en gracia cuando se ofrecen.
12 min
Duración
9 días
Compromiso
Para principiantes
Nivel
San Pío de Pietrelcina
Santo patrono
Reza una vez al día durante nueve días consecutivos. Estructura tradicional: (1) Señal de la Cruz; (2) un breve examen de conciencia — Padre Pío fue ante todo confesor, y orar a él sin disposición a la conversión personal vacía la oración; (3) la oración de la novena; (4) un Padrenuestro, Avemaría y Gloria en honor a las Cinco Llagas; (5) cinco Padrenuestros y Avemarías por las intenciones del Papa (Padre Pío recomendaba esta práctica con insistencia). Padre Pío recomendaba con frecuencia tres disciplinas para la vida espiritual sólida: (a) la confesión semanal, (b) la Comunión diaria si es posible, (c) la dirección espiritual con un confesor estable. Si la novena se reza por la conversión de un ser querido, considera además ofrecer la Comunión sacramental por esa intención cada día de la novena y hacer tu propia confesión durante el periodo. Para los enfermos: muchos católicos rezan la novena en compañía del enfermo (o del lecho del enfermo) leyéndola en voz alta junto a una imagen o reliquia de Padre Pío, recordando que él mismo pasó la mayor parte de su vida con dolor físico continuo y aprendió a transformarlo en oración.
Querido Dios, Tú diste a San Pío de Pietrelcina el privilegio de participar de manera extraordinaria en la Pasión de tu Hijo. Concédeme por su intercesión la gracia de (mencionar la intención), que ardientemente deseo del corazón de Jesús. San Pío de Pietrelcina, gran sacerdote del confesonario, gran amigo de los enfermos y los pecadores, ruega por mí. Padre Pío, hombre lleno de las llagas de Cristo, alcánzame la gracia de aceptar mis propias cruces como tú aceptaste las tuyas: con fe inquebrantable, con humildad serena y con la mirada siempre fija en el Crucificado. Concédeme también la disposición de hacer una buena confesión, donde mi alma sea limpiada y mi corazón restaurado. Amén.
Coordina oración sostenida por alguien que amas. Los voluntarios cubren horarios de 30 minutos durante días o semanas; la familia recibe un ramillete espiritual al final.
Invita a un grupo pequeño a rezar esto cada día contigo. Todos reciben el mismo texto, el mismo ritmo, la misma intención.