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El Escapulario Marrón del Monte Carmelo es un sacramental católico que consiste en dos pequeños paños de lana marrón unidos por dos cintas, llevados sobre los hombros (uno por delante, otro por la espalda) bajo la ropa. Fue entregado por la Santísima Virgen María a San Simón Stock, prior general de los Carmelitas, en Cambridge la noche del 16 de julio de 1251, con la promesa: «El que muera revestido con este escapulario no padecerá el fuego eterno». La devoción del Escapulario es uno de los grandes sacramentales marianos de la Iglesia, junto con la Medalla Milagrosa y la Medalla de San Benito. La promesa, correctamente entendida por la tradición de la Iglesia, no es magia ni un seguro automático: requiere que quien lleva el escapulario lo haga con disposición filial a María, viva una vida cristiana coherente, frecuente los sacramentos (especialmente la Confesión y la Eucaristía) y practique la oración mariana. Pío XII enseñó que el escapulario «es un signo de consagración total a María». Es apropiado para todo católico, pero particularmente recomendado a los enfermos, los moribundos, los padres orantes por sus hijos y los que viven en peligro.
Nuestra Señora del Monte Carmelo · San Simón Stock
La Devoción de los Nueve Primeros Viernes es una práctica católica revelada por Jesucristo a Santa Margarita María Alacoque en las apariciones del Sagrado Corazón en Paray-le-Monial, Francia, entre 1673 y 1675. En la cuarta gran aparición (junio de 1674), Jesús prometió: «En el exceso de la misericordia de mi Corazón, prometo que mi amor todopoderoso concederá a todos los que reciban la Comunión nueve primeros viernes consecutivos del mes la gracia de la perseverancia final: no morirán en mi desgracia, ni sin haber recibido los sacramentos, y mi divino Corazón será su asilo seguro en aquella última hora». La devoción consiste en recibir la Sagrada Comunión en estado de gracia los primeros viernes de nueve meses consecutivos, ofreciendo la Misa por las intenciones del Sagrado Corazón. Es una de las grandes promesas catolicas, y se entiende correctamente no como magia, sino como expresión de la fidelidad sostenida que abre el corazón a la perseverancia final.
Sagrado Corazón de Jesús · Santa Margarita María Alacoque