La oración por la sanación es una de las prácticas devocionales católicas más fundamentales — la Escritura registra a Jesús sanando innumerables enfermos en su ministerio público (los leprosos, la suegra de Pedro, el paralítico de Cafarnaúm, los dos ciegos de Jericó, etc.), y el sacramento de la Unción de los Enfermos continúa hoy esa misión sanadora. La Iglesia católica distingue entre tres formas de sanación: (1) la sanación sacramental, que opera de manera segura en la Unción de los Enfermos cuando ésta se recibe con disposición de fe, dando al enfermo la gracia santificante, el perdón de los pecados si no se ha podido confesar, y muchas veces la fortaleza espiritual y a veces también la sanación física; (2) la sanación carismática, atribuida a la oración de un creyente o de la comunidad reunida en nombre de Jesús (Mt 18,20), que se reconoce como auténtica cuando se confirma con los criterios de la Iglesia; (3) la sanación atribuida a la intercesión de un santo, particularmente de los santuarios marianos (Lourdes, Guadalupe, Aparecida, Fátima) o de santos taumaturgos (San Peregrino para el cáncer, San Roque para epidemias, San Lucas para los médicos, San Cristóbal para los viajes). La oración por la sanación no es magia: es petición filial, dirigida al Padre por medio de Cristo y con la mediación de los santos.
Cristo, Médico Divino · María, Salud de los Enfermos