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La Lectio Divina — literalmente «lectura divina» — es la antigua práctica monástica católica de leer la Sagrada Escritura como oración, no como estudio. Sistematizada por el cartujano Guigo II en el siglo XII en su Scala Claustralium (Escalera de los Monjes), la práctica consta de cuatro pasos contemplativos: Lectio (leer), Meditatio (meditar), Oratio (orar) y Contemplatio (contemplar). El Papa Benedicto XVI, en la exhortación apostólica Verbum Domini (2010), la describió como «la práctica antigua y siempre nueva con la que un creyente lee la Sagrada Escritura para crecer en la oración y en la familiaridad con la Palabra de Dios». No es estudio bíblico crítico (aunque puede empezar tras una lectura culta); no es lectura espiritual general; es el encuentro orante con un pasaje concreto de la Escritura para escuchar lo que el Señor quiere decir hoy. Es la práctica devocional por excelencia para la transición espiritual de «leer sobre Dios» a «hablar con Dios a través de su Palabra», y es accesible a cualquier católico, no sólo a monjes o religiosos.
San Jerónimo (patrono de la Escritura)
El Salmo 23 — «El Señor es mi pastor, nada me falta» — es uno de los salmos más amados de toda la Escritura, atribuido al rey David, autor de muchos salmos del Salterio. Su imagen central — la del Señor que apacienta a su pueblo como un pastor cuida a sus ovejas, llevándolas a pastos verdes, a aguas tranquilas, y guardándolas «aun cuando pasen por valle tenebroso» — recoge una de las imágenes más profundas de la teología bíblica. El propio Cristo se aplicó la imagen del Buen Pastor a sí mismo (Juan 10,11). El salmo se reza tradicionalmente en momentos de duelo (los funerales católicos lo incluyen casi siempre), en momentos de prueba o miedo (la travesía del «valle tenebroso»), en los lechos de los enfermos terminales, y como confesión cotidiana de confianza en la providencia de Dios. Por su brevedad — apenas seis versículos — y por su belleza poética, es uno de los salmos que casi todo cristiano hispano puede memorizar: su lugar en la espiritualidad católica está consolidado por siglos.
Cristo, Buen Pastor · Rey David, autor del salmo